Introducción

En otro apartado ya hemos indicado que el concepto de aprendizaje no es exclusivo de los primeros años de vida del niño, sino que indefectiblemente se prolonga durante toda la vida de la persona. Sin temor a equivocarnos podemos decir que, de la misma manera que el cuerpo humano crece con el alimento que ingerimos, el espíritu humano crece gracias a los intercambios de comunicación (oral y escrita) y el razonamiento. Recibir información equivale a alimentar el espíritu (sea cual sea el concepto que se dé a la expresión “espíritu humano”) y el razonamiento sobre la información recibida equivale a la digestión y asimilación metabólica del alimento ingerido. Podemos, pues, afirmar que el cuerpo humano crece comiendo y el espíritu humano crece pensando. Y estos dos hechos van ligados a todo el período vital de la persona, desde su principio hasta su final.

Desgraciadamente, las lesiones cerebrales sobrevenidas (por causas diversas) en las personas adultas pueden obstaculizar algunos procesos que permiten recibir información o procesarla en forma de pensamientos bien estructurados. Hay enfermedades que afectan al cerebro que también pueden alterar estos procesos o deteriorados progresivamente. Tanto en uno como en otro caso, la persona deberá recorrer a su capacidad de aprender nuevos recursos y adaptarse a la nueva situación.

Las lesiones cerebrales 

En el caso de un déficit cognitivo (lenguaje, memoria, atención, razonamiento, orientación…) originado por una lesión cerebral la primera necesidad es tratar de recuperar las funciones que hayan quedado alteradas. Será necesario aprender un conjunto de recursos para afrontar esta recuperación con las mejores de las garantías de éxito que sean posibles. Pero cuando la lesión ha determinado una secuela irreversible, inevitablemente la persona deberá pasar por un aprendizaje más doloroso pero ciertamente necesario para su estabilización anímica y vital: se trata del proceso de adaptarse a la nueva situación personal, familiar y social a la cual le ha conducido la lesión. Y es preciso tener en cuenta que en este caso el aprendizaje es compartido, puesto que la adaptación del paciente a su entorno implica también que su entorno (especialmente el familiar) deberá aprender a adaptarse a la nueva circunstancia del paciente para ayudarlo a superar o compensar sus dificultades y recuperar el sentimiento de autoestima personal sea cual sea la situación funcional de sus mecanismos motores y cognitivos.

Las enfermedades neurodegenerativas

En el caso de las enfermedades cerebrales que determinan un deterioro progresivo de las capacidades de cognición, la alteración gradual de las funciones neurológicas también implica un ataque muy directo a un conjunto de mecanismos involucrados en la capacidad para aprender. En estos casos es preciso potenciar todos los recursos neuronales posibles que puedan mantener la adquisición de nuevas informaciones y su procesamiento en forma de pensamiento activo. Seria engañoso utilizar aquí la palabra “rehabilitación”, pero es innegable, fruto de la observación corriente, que la estimulación de las funciones cognitivas con las máximas estrategias que estén a nuestro alcance constituye un factor importante para mantener un funcionamiento cerebral activo. La persona aprende a utilizar conscientemente unos mecanismos cerebrales que hasta entonces utilizaba de forma automática o bien reactiva determinados sistemas funcionales que estaban más o menos latentes. A pesar de la pérdida progresiva de las capacidades funcionales cerebrales y el deterioro de un conjunto de funciones básicas para el aprendizaje, la estimulación consciente del cerebro determina nuevos aprendizajes y nuevas estrategias de funcionamiento que ayudan a adaptar a la persona a su enfermedad. Naturalmente en estos casos, igual que en las lesiones focales, la adaptación del entorno familiar (y, en menor medida, de otros miembros del entorno social) implica un aprendizaje activo y dirigido sobre la propia gestión del tiempo y de los recursos disponibles con el fin de ayudar de manera efectiva a la persona afectada a contrarrestar o paliar los efectos progresivamente invalidantes de la enfermedad.

Clínica de lenguaje y Memoria

Las lesiones cerebrales y las enfermedades neurodegenerativas pueden originar trastornos del lenguaje, la memoria, la atención, el razonamiento y otras funciones mentales, que requieran una asistencia especializada en este ámbito de la salud.

Objetivos

Diagnóstico y tratamiento de las consecuencias de las lesiones cerebrales sobre las funciones cognitivas y el lenguaje después de enfermedad vascular, traumatismos, alteraciones neuroquirúrgicas u otras causas.
Asistencia y estimulación funcional en las enfermedades neurodegenerativas que afecten las facultades de cognición y el lenguaje.

Actividades

  • Diagnóstico y orientación neurologopédica
  • Tratamiento personalizado de las funciones cognitivas
  • Aplicaciones terapéuticas en grupo

Profesionales

Laura Augé Domènech

Psicóloga. Logopeda.

Carlota Faixa Sol

Filóloga. Logopeda.

Carmen García Sánchez

Doctora en Psicología.

Josep M. Vendrell i Brucet

Neurólogo.